Archivo del Autor: Livia

True Grit

Algún día alguien tendrá que explicarme la manía de cambiar los títulos de las películas porque me he pasado dos días con un diálogo absurdo (mi memoria es tan eficiente que sólo me permite recordar uno por cinta):
– ¿Qué vamos a ver?
Valor de ley ¡Te lo he dicho mil veces!
– ¿Valor de ley? ¿y esa cuál es?
– ¡Te lo he dicho mil veces! ¡La de los Coen!
– Aaaaaaaaaaaaahm, genial ¡me encantan los Coen!
– No te gustarán tanto si no eres capaz de recordar el título de la última.
– ¬¬
Lo curioso es que el título original True Grit es mucho más monérrimo pero Valor de ley le pega mucho más; aún así sería interesante que en algún momento alguien decidiera no enmendar las películas en la traducción, que a mí me parece que a esta magnífica historia le sobra la última escena pero no se la quitaría desde la distribuidora (o quien demonios se encargue de la traducción)
Y otra cosa, si Hailee Steinfeld hace un papel de reparto, cuando está en pantalla el 90% de la película y no para de hablar ni un segundo (los personajes se quejan de su verborrea o le dan la razón en lo que dice, según les conviene), creo que he confundido el protagonismo con el de reparto.

True Grit es una película del oeste, pero no de las de John Wayne sino de los hermanos Coen y del siglo XXI, aparecen un par de indios (literalmente DOS) caballos, litros de alcohol, valentía y mucho desierto, pero el héroe no es un rudo vaquero simpático sino un rudísimo vaquero alcohólico, al que le preocupa un carajo lo políticamente correcto pero que en el fondo resulta ser un tipo de nobleza sin par, a lo Bogart de Casablanca pero de los que te crees.
True Grit cuenta la historia de una anciana muy ducha en leyes y con muy mala leche encerrada en el cuerpo niña con trenzas de 14 años que decide vengar el asesinato de su padre y, para ello, contrata al alguacil más duro y sarcástico que existe, encarnado por Jeff Bridges, un actor que se merece un Óscar sólo por existir. La única condición que pone es que se adentrará con el alguacil en la búsqueda y finalmente lo hace, por mucho que este trate de darle esquinazo… que menuda es ella. Al reparto se suma Matt Damon, estupendo como siempre, que es un Ranger de Texas que persigue el mismo objetivo (Josh Brolin) pero por otro asesinato y que también, como nos está acostumbrando, se sale.
A partir de ahí todo es Coen, las discusiones sobre la guerra civil están maravillosamente escritas, las discusiones sobre qué cuerpo de seguridad es más duro es delirante, la descripción del paisaje de Texas, donde sólo hay diez árboles y no crecen más que cosas con pinchos arranca carcajadas y la vida en el salvaje oeste, más salvaje que nunca, es completamente verosímil, malos incluidos.

He visto Cisne Negro, Más allá y me han encantado, he visto Pa Negre y me ha parecido un tostón… pero, como dice Boyero, True Grit sobrevivirá al paso del tiempo, el resto de la cartelera veremos.

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Some kind of trouble

Hace unos cuatro años daba miedo encender la radio para escuchar algo de música porque cada vez que lo hacíamos indefectiblemente de cada tres canciones una era You are beautiful del británico James Blunt. Recuerdo haber leído entonces que este compositor tenía la desgracia de haber creado un clásico que las radios se estaban encargando de quemar a una velocidad de vértigo porque todos la escuchamos y dijimos ¡cosa más bonita madre!–el que diga lo contrario miente- pero acabamos hasta el gorro. No hay canción, por buena que sea, que resista semejante repetición.

Hace aproximadamente dos meses me dio por escuchar la letra y descubrí ¡albricias! que James Blunt además de tener una voz cálida como pocas, y muchas más canciones, hace buenas letras (el que piense que con lo que nos frieron se limita a un tú eres guapa, tú eres guapa, es verdad que la escuche con un poco de calma) de las que calientan el alma.

Después de machacarnos con la archiconocida You are beautiful rescató algunas más del que era su primer trabajo (High sería el ejemplo más notable) y, un par de años después sacó All the lost souls, otro álbum lleno también de pequeñas joyas (Same mistake) pero tengo la sensación de que el “daño” ya estaba hecho, había vendido unos 12 millones de discos pero se había creado el prejuicio de que hacía canciones tristísimas (¡no es verdad!) y las defendía dirigiéndose a un público exclusivamente femenino (¿la maldición de ser guapo?) El público se dividió a la enésima repetición y la crítica también, pero quien esto escribe descubre a los músicos años después que el resto de la humanidad y se acaba de encontrar con este señor así que le afectan poco las opiniones al respecto.

Cinco años después de empezar, y para romper con la fama inmerecida de autor de baladas ñoñas (¡que no lo son!), Blunt se vuelve a presentar ante el público con su tercer trabajo de estudio, Some kind of trouble, un trabajo infinitamente más optimista que los anteriores en el que nos sigue regalando lo mejor que tiene, su voz.

Y, como además tiene un directo fantástico (quien esto escribe lo acaba de descubrir así que no he tenido la oportunidad de disfrutarlo aún de verdad) el  lunes lo presentó desde Londres en vivo, vía Youtube, en un concierto de una hora que ya está colgado, por el propio Blunt (seamos serios, quien lleve el tema) en su canal.

Some Kind of trouble, y su primer single Stay the night, te gustará sin duda si te gusta lo que Blunt ha hecho hasta ahora, si no ha sido así dale una oportunidad (y escucha las letras) seguro que te sorprende.

The social network o los ricos también lloran

Pertenezco a la generación más engañada preparada de la historia (la siguiente, ya les aviso, viene un poco chusca) Una generación, que nació entre mediados de los 70 y los 90, y se hartó de escuchar que si se preparaba, si estudiaba idiomas e informática podría conquistar el mundo; lo que no nos dijeron, con tanta promesa nos volvimos un poco imbéciles ingenuos, es que el mundo, como es natural, lo conquistarían dos o tres norteamericanos mientras que el resto tendríamos que partirnos la cara mucho más que nuestros padres por hacernos un hueco en un mundo laboral cada vez más pequeño y competitivo.

Uno de los que lo consiguió es el creador de facebook, Mark Zuckerberg, quien, como ya en su día hizo Bill Gates, se convirtió en una de las criaturas (hoy tiene 26 primaveras) con más dólares del planeta (es el milmillonario más joven del mundo), y lo hizo de forma aparentemente sencilla, tuvo una idea facilona pero absolutamente brillante (sacada, según la película, de la mezcla de varias ¿qué es facebook sino la digievolución personal de myspace?) escribió unas cuantas líneas de código a lo largo de ¿seis semanas? y voilà, millones de personas en todo el mundo entran en su página varias veces al día a marujear las fotos de gente que en muchos casos les importan un carajo, dar de comer unos cerdos en una granja, cepillar a un gremlin de colores, o incluso fabricar platos para un restaurante infestado de fantasmas. Decía que la idea es sencilla porque todos prometimos escribirnos cuando dejamos el instituto o la universidad, pero al mismo tiempo es absolutamente brillante porque ya no necesitamos escribir a alguien, no necesitamos recibir respuesta y no tenemos el menor pudor en colgar fotos que hace diez años hubiéramos quemado… la intimidad ha muerto, y la hemos matado entre todos.

Como todas las historias de éxito, este jovencísimo genio tiene algunos cadáveres en el armario (aunque los ha indemnizado con tales cantidades que espero que en la vida osen volver a quejarse) y es tan pobre que sólo tiene dinero… aunque como dice un grupo de su página, el dinero no da la felicidad pero prefiero llorar en un Ferrari

The social network nos cuenta la historia del nacimiento de facebook en la elitista universidad Harvard de principios de siglo, nos cuenta por qué, cómo, cuándo y de quiénes surgió la idea y, aunque había leído que después de verla Zuckerberg tendría que esconderse bajo una piedra, no me parece que salga tan mal parado, ni mucho menos… en cuanto a la creación de la página porque como le dice su exnovia al principio de la película, no es que no les gustes a las chicas por ser un friki, no les gustarás porque eres gilipollas, pero ni siquiera lo hacen un impresentable absoluto, como sí hicieron con Bill Gates en la más que sesgada Piratas de Silicon Valley donde todos aparecían como unos santos y Gates como el mismísimo Satán (perdónenme, pero yo es que en peleas de millonarios no me meto, y más cuando el malvado usa el dinero como actualmente lo está usando Gates)

El guión de The social network es impecable, los diálogos brillantes, los actores absolutamente creíbles, en definitiva una película que cuenta una historia tan tremenda que sería inverosímil si no fuera totalmente cierta (tiren de hemeroteca, está todo ahí, o hagan memoria, que es bien reciente) Quizá Zuckerberg, interpretado magníficamente por Jesse Eisenberg, no sea tan asperger y misántropo como lo presentan, quizá Sean Parker -coautor de napster- no sea un tiburón tan juerguista, quizá Eduardo Saverin no sea tan buena gente y los gemelos Wiklevoss no sean tan pedantes y tan lilas pero la historia está tan bien contada, y tiene un ritmo tan bien llevado que atrapa desde el minuto uno, y eso tiene su mérito dado que todos sabemos cómo empezó y vivimos el fenómeno facebook a diario.

Cuando vi Inception pensé que ninguna película este año me gustaría tanto como aquella, pero entonces vi Amador el viernes y The social network ayer… Tengo el corazón partío.

Es una película que no debe dejar indiferente a nadie porque, sea como sea que haya sido la historia –que tampoco es una tragedia ni mucho menos, por muy antipático que pueda resultar el Zuckerberg de la película- cuenta que aún, con la que está cayendo, las buenas ideas tienen cabida y por ellas, a veces, se paga lo que valen y qué quieren que les diga, a mí me gusta ver cómo las mayores fortunas (las que crecen y crecen) están en manos de la gente –salvo si hablamos de petróleo claro está- que las parió y desarrolló con un presupuesto inicial de 1000 dólares.

¡Ah! y también es una linda historia de amor… sí, sí, como suena…

La cuarta fase

Hace unos meses, el Einstein de nuestro tiempo, Stephen Hawking, sorprendió al mundo al erigirse en un Friker Jiménez cualquiera y hablar de los contactos con extraterrestres (para avisarnos de que debíamos evitarlos a toda costa) Nada más lejos de mi intención que hacer mofa de tan sorprendentes declaraciones, después de todo es Hawking y lo que diga con respecto al espacio va a misa, aunque otro que también sabía lo suyo, Carl Sagan, decía, con una lógica aplastante, que de extraterrestres tararí que te vi.

Si hay vida inteligente en algún lugar del universo, (que en la Tierra ya sabemos que no… chiste fácil, lo sé, pero permítanme la maldad, estaba a huevo) es un tema apasionante, discutido y discutible pero eso no tiene nada que ver con Ne tempus fugat, si lo cito es solamente porque me llama la atención que hiciera esas declaraciones pocos meses después del estreno de La cuarta fase ¿le habrán untado? ¿habrá alertado al mundo sobre ello porque se ha creído la película?

Antes de destriparla, empecemos por los ni se te ocurra verla que, curiosamente, se presentan como los mayores atractivos de la cinta:

Se presenta como un hecho real y, para ello, usa una ciudad que existe… pero la caga porque Nome, según he visto trasteando en internet durante unos 30 segundos, no está donde dice, ni está en un valle, ni está incomunicada (detalles fundamentales) Me imagino que habrán dicho que si Tom Cruise puede ir a los San Fermines en Sevilla qué demonios importa… Y esto me indigna porque hay que ver qué poca fe tiene esta gente en nuestra curiosidad, a quién se le ocurre decir que una película es real y no caer en la cuenta de que el espectador, según la ve dice joder, es tan mala que tiene que ser cierta y va, por narices, a comprobarlo.

Para demostrar que lo que cuenta es verdad mezcla imágenes, esto es, podemos ver a Jovovich y a la supuesta real Abbey Tyler, o a algunos de los supuestos pacientes reales y a los actores, al mismo tiempo en la pantalla, incluso en ocasiones superpone las voces. No puedo negar que es un recurso interesante, pero lo de las grabaciones “reales” ya está visto (La bruja de Blair y Actividad Paranormal) y, en las otras, incluso con la pretensión de que era real (en la segunda creo recordar que lo mantiene hasta en los créditos) el montaje estaba mejor hecho… Y encima hacen trampa, para demostrar su realidad cuando pasa algo gordo la cinta se distorsiona para que el espectador diga ¡coño! ¡Es cierto porque no veo un carajo de lo que pasa! ¡los marcianos distorsionan la imagen para ocultarse!

Siguiendo con las trampas, empieza y termina con Jovovich y el director diciendo que decidamos si nos creemos o no lo que hemos visto… Grandes aplausos ¡Qué gran uso de la retórica! ¡si no te juro por Snoopy que esto es verdad porque no hay quien se lo trague me darás el beneficio de la duda!

Etc, etc…

La cuarta fase cuenta que en un pueblo remoto de Alaska el FBI va cada dos por tres, seis, porque la gente desaparece mucho y se suicida sistemáticamente. Hay una psicóloga, recientemente viuda, al que todos sus pacientes le cuentan historias sobre lechuzas (en un sitio donde hay muchas, verlas te lleva a terapia ¡Nome es, sin duda, el dorado de los psicoanalistas! ¡corran, corran freudianos!) y, como están inquietos ante el constante ulular (que no digo yo que no, que debe de ser un coñazo pasarse la noche con el uuuu, uuuu) se pasa la vida hipnotizándolos –con una técnica rarísima, de consecuencias curiosas- y un buen día (dos después del inicio) ella también sufre ese no sé qué que decía Santa Teresa pero en chungo… Y todo ello con la aparición cada cambio de escena de la supuesta Abbey Tyler real, que se pasa la película llorando (lo único salvable es la interpretación de esa actriz, y no sé si por comparación con el desastre de Jovovich) y puede contarnos la historia en primera persona.

En fin, un espanto que no merece ni las carcajadas que me produjo El terror del año 5000, ni la sorpresa que en su día fue La bruja de Blair, ni el salto de Actividad Paranormal…. Y eso que la primera media hora, cuando aún no ha pasado nada –sólo Tyler llora que te llora- despierta cierta curiosidad.

Como película de terror, más miedo da el final de Toy Story, como película de extraterrestres en la que se ve poca cosa, más verosímil es Señales… Así que lo dicho ¡¡no vayas!!

Hasta siempre Delibes

Cuando estaba en EGB (6º creo, mi memoria empeora por momentos) nos hicieron leer El camino -¡otro libro?- gritamos todos, panda de desagradecidos, y la señorita María Luisa nos dijo -¿qué pasa? ¿no os gustó el que leísteis?- y nos tuvimos que quedar calladitos, porque sí, nos gustó mucho (El Lazarillo de Tormes) y hasta hoy no se me había ocurrido agradecerle a aquella mujer rubia que se pintaba como una puerta que nos mandara aquellas lecturas.

Si soy sincera apenas recuerdo El camino, Las ratas, El príncipe destronado, La sombra del ciprés es alargada… más allá del hecho de que me gustaron mucho (bueno, El príncipe destronado no tanto aunque tiene su gracia) pero hay tres que sí me han marcado y que valdrían toda la tristeza que el mundo debe sentir hoy por tener que despedirse del que fue mi primer escritor favorito, Miguel Delibes.

La primera es El disputado voto del señor Cayo; narra cómo se vive en un pueblo las primeras elecciones de la democracia, en el vemos cómo se enfrenta, una vez más, la cultura de los de ciudad con la sabiduría popular del campo. Es un libro muy divertido y aparentemente sencillo en su escritura, pero en Delibes nada es sencillo. Hay una clara denuncia de la hipocresía de la política ya en 1978, de lo que nos gusta complicarnos la vida viviendo deprisa… aunque, por llevarle la contraria a mi padre, no me parece que el señor Cayo sea necesariamente el ejemplo a seguir. Es un libro que muestra lo que a muchos nos cuesta aceptar, y que narra maravillosamente Quim Monzó en un microrrelato que se llama la montaña (lo siento pero no puedo enlazarlo porque no lo encuentro)

La segunda novela es, cómo no, Los santos inocentes, un libro fundamental de la literatura universal donde se ve una clara denuncia de la pobreza, de la injusticia, de la servidumbre y de los señoritos que aún campan a sus anchas por el mundo. Es difícil recordar a Delibes sin pensar en aquello de “Milana bonita”, en esa niña que grita, en esas escenas de caza. Cabe destacar que la versión cinematográfica está muy lograda por su enorme fidelidad (y la genial elección del reparto), no en vano, el libro facilita la adaptación con sus diálogos.

La tercera novela es uno de los libros que más veces he releído, Cinco horas con Mario. La primera vez que la leí llegué a la conclusión de que Carmen, la viuda, era una mujer hipócrita que merecía todo el desprecio del mundo, por su manía de aparentar (dichoso seiscientos) y Mario un tipo estupendo y culto… entonces llegué al final y entendí, Carmen estaba completamente sola. Lo releí casi inmediatamente y ni ella me parecía ya tan idiota ni Mario me parecía tan estupendo; Carmen era una triste mujer, producto de su época y él la había elegido para, casi inmediatamente, abandonarla a su suerte (¿quién se va a celebrar las oposiciones con la cuñada?) Él se dedicaba a su trabajo, a sus libros, a su cultura delegando en ella toda la responsabilidad de la casa y la familia… pero a todos nos resulta fácil tener antipatía por ella porque es una petarda e incluso mostrar una cierta crueldad al final, a modo de venganza. Lo que Delibes pretende en este libro, sin embargo, es mostrarnos, efectivamente, un personaje de cada una de las dos Españas, ambos completamente sordos a las necesidades y anhelos del otro, ambos enrocados en su postura sin intentar siquiera una comprensión del otro… y que Ibarretxurix me libre de defender la tradición de Carmen, pero Mario podía haberse tomado la molestia de intentar educarla en lugar de no hacer aprecio.

Delibes siempre habló de la reconciliación y en sus libros se intuye una crítica de de la sordera crónica que padecemos y, a pesar de lo que he leído en alguna ocasión, no lo hace no viendo los errores ni siendo complaciente con la dictadura.

Desde hoy el mundo es mucho más feo, más triste y encima habla mucho peor.

Cine de fin de semana

Hace un eón que no me paso por aquí porque las decepciones y sinsabores han sido tan brutales que no merecían un ¡¡no vayas!! (y no estaba por la labor de crear una nueva etiqueta ¡¡ni se te ocurra por el amor de dios!! como cuando vi Precious) Pero si algo tengo que decir sobre las películas de este fin de semana es ¡decepción! Empecemos:

Vengo de ver The lovely bones y confieso que no sé muy bien qué decir al respecto porque aunque no resiste, ni de casualidad, un análisis en profundidad no me he aburrido demasiado; tiene cosas buenas (imposibles de contar sin destriparla porque me ha gustado el final, que una también tiene sus momentos monérrimos) y cosas malas (sobra, literalmente, la mitad de la película, y no me refiero al metraje porque no se me ha hecho larga -miento, un poco sí- sino al inevitable déjà vu de la soporífera Más allá de los sueños, de la correcta El último escalón y de, sólo por el título, Mi vida sin mí)

Como sabía muy poco sobre ella las expectativas generadas se debían exclusivamente a Rachel Weisz (he conseguido escribir su apellido del tirón ¡bien por mí!) y, como esperaba, está soberbia en su papel de madre-molona-que-sufre-una-perdida-espeluznante… pero sale muy poco, imperdonable. Stanley Tucci, que poco a poco va consiguiendo el reconocimiento que sin duda merece (ha salvado auténticos bodrios él solito) hace lo que puede con el papel que le ha tocado, consigue ser siniestro a ratos a pesar de que al guionista dan ganas de pegarle por caer en lo fácil cada dos por tres. Susan Sarandon me encanta pero en esta su personaje de abuela-modernérrima no aporta absolutamente nada así que se podía haber quedado en su casa tan ricamente que nadie se habría enterado. Y Mark Walhlberg ¿qué decir? a lo suyo, ni fu ni fa (este chico me tiene de lo más desconcertada, ¿Boogie nights es casualidad?) ¿Lo mejor? ¡El título! ¿Merece la pena? Si vas al cine compulsivamente no hay mucho más que ver, si vas una vez al mes seguro que puedes ver algo más interesante. Y por cierto, ¿quién demonios es Ryan Gosling y cuándo sale? ¿no sería más interesante si en uno de los carteles que circula por internet apareciera Mark Walhlberg en lugar de un actor que no sale en la película? ¡qué vista tienen algunas ¿productoras? ¿distribuidoras?…! ¡quien demonios se encargue de los carteles!

El viernes vi Shutter island, muy bien contada, interpretaciones muy interesantes (siento una debilidad por Mark Ruffalo que roza lo patológico)… pero ya la había visto… cientos de veces, dirigida por otra gente, en blanco y negro, color, con otros actores, pero lo dicho, a los veinte minutos sabía no sólo cómo iba a terminar sino la siguiente escena,  así que me ha decepcionado mucho. Lo poco que sé de psicología es que recordar no cura automáticamente y daba por hecho que a estas alturas Scorsese también se habría enterado, aunque he de decir en su defensa que sí, cae en eso, pero poco -siendo extremadamente generosa podría pensar que por eso sitúa la acción en los cincuenta (década en la que se sitúan la mayor parte de las Shutter island que ya he visto y cuyos títulos me niego a recordar)- A pesar de todo esta sí me resulta recomendable, las escenas en las que DiCaprio recuerda a su mujer son muy curiosas, mantiene un cierto suspense (algo entre 1408, The ring e incluso trece fantasmas jijiji) En definitiva es entretenida pero no para tirar cohetes, el inmenso Scorsese no está ni se le espera desde hace diez años.

Para desquitarme me voy a pasar la tarde entre Auster, Von Trier y Andreotti ¡nunca me fallan!

En el cine: Invictus y The road

Cuenta la leyenda que cuando Montserrat Caballé volvió de un viaje a Sudáfrica en pleno Apartheid dijo que no había visto racismo por ninguna parte; no le llamó la atención ni un poquito que no hubiera negros en los sitios a los que la llevaban, que seguro que eran lugares de lo más humildes… de ello se deduce que es una mujer sencilla de gustos sencillos (eso en caso de que la leyenda sea cierta, que espero que no)

Eso mismo que pasa en Invictus (y me importa un carajo que la historia sea cierta) en la que vemos a un Mandela que no es capaz de mantener una conversación normal (se pasa la película hablando en parábolas) y que sólo piensa en que el deporte puede unir a un pueblo desunido, ¡al carajo los problemas reales tan nimios a los que se enfrentaba! si se gana el campeonato mundial todo lo demás se solucionará sólo… Podríamos pensar que bueno, no es que se diga que sólo se dedicaba a pensar en eso recién llegado al poder sino que en la película Eastwood no enseña otra cosa, así arreglaría mucho la cuestión pero noooo, enseña a Mandela interrumpiendo reuniones para usar el rugby como pegamento nacional… y eso es de lo más verosímil aquí, que sabemos un rato de eso al vivir un país con políticos mediáticos negando apoyo a las olimpiadas si se hacen en algunas ciudades, con miles de personas que se alegran de cuando pierde la selección nacional y no lo hacen cuando gana (no necesito que me lo cuenten, lo he visto con estos ojitos que se han de comer la tierra) y tan gran etcétera. Lo único que salva la película es la extraordinaria interpretación de Morgan Freeman, actor que hasta esta noche pensaba que sólo sabía hacer el mismo papel una y otra vez, pero que, en esta ocasión, se sale al calcar a la perfección la pose y los gestos de Mandela. En definitiva una película a la que le sobra metraje y ñoñería, con lo buena que podría haber sido si además de rugby contara algo cachis. Me alegro horrores de no haberla visto en segunda fila, me hubiera arrancado los ojos de tanta emoción…

En fin en fin, si esta entrada no tiene la etiqueta de ¡No vayas! Es porque ayer vi The road, y aún me estoy recuperando de la impresión. La película narra la relación de un padre – Vigo Mortensen que jamás me ha parecido un tipo guapísimo ¡pegadme! pero sí un actorazo, así que si eso que sea flojito – que lucha por mantener la esperanza de una forma un tanto bichorista para su hijo – Kodi Smit-McPhee, ni flores – mientras recorren la carretera para llegar a ninguna parte tras el apocalipsis ¿nuclear? El reparto protagonista lo completa Charlize Theron en su versión de madre llorosa (ya me dirás tú qué otra cosa puede hacer la pobre mujer en esas circunstancias) Y, aunque sale poco, una mención especial merece Robert Duvall, simplemente tremendo. El paisaje en The road es devastador para almas sensibles pero incluso así esa tierra blanca, esa niebla permanente y dolorosa es de una belleza absoluta. En ningún momento sabemos qué ha pasado, sólo que el mundo como lo conocemos se va al carajo y tenemos que reconstruir parte de la historia a través de los breves recuerdos de los protagonistas. Poco más hay que decir sobre ella, porque no cuenta exactamente una historia, salvo que es lo más recomendable que he visto en mucho tiempo.