The social network o los ricos también lloran

Pertenezco a la generación más engañada preparada de la historia (la siguiente, ya les aviso, viene un poco chusca) Una generación, que nació entre mediados de los 70 y los 90, y se hartó de escuchar que si se preparaba, si estudiaba idiomas e informática podría conquistar el mundo; lo que no nos dijeron, con tanta promesa nos volvimos un poco imbéciles ingenuos, es que el mundo, como es natural, lo conquistarían dos o tres norteamericanos mientras que el resto tendríamos que partirnos la cara mucho más que nuestros padres por hacernos un hueco en un mundo laboral cada vez más pequeño y competitivo.

Uno de los que lo consiguió es el creador de facebook, Mark Zuckerberg, quien, como ya en su día hizo Bill Gates, se convirtió en una de las criaturas (hoy tiene 26 primaveras) con más dólares del planeta (es el milmillonario más joven del mundo), y lo hizo de forma aparentemente sencilla, tuvo una idea facilona pero absolutamente brillante (sacada, según la película, de la mezcla de varias ¿qué es facebook sino la digievolución personal de myspace?) escribió unas cuantas líneas de código a lo largo de ¿seis semanas? y voilà, millones de personas en todo el mundo entran en su página varias veces al día a marujear las fotos de gente que en muchos casos les importan un carajo, dar de comer unos cerdos en una granja, cepillar a un gremlin de colores, o incluso fabricar platos para un restaurante infestado de fantasmas. Decía que la idea es sencilla porque todos prometimos escribirnos cuando dejamos el instituto o la universidad, pero al mismo tiempo es absolutamente brillante porque ya no necesitamos escribir a alguien, no necesitamos recibir respuesta y no tenemos el menor pudor en colgar fotos que hace diez años hubiéramos quemado… la intimidad ha muerto, y la hemos matado entre todos.

Como todas las historias de éxito, este jovencísimo genio tiene algunos cadáveres en el armario (aunque los ha indemnizado con tales cantidades que espero que en la vida osen volver a quejarse) y es tan pobre que sólo tiene dinero… aunque como dice un grupo de su página, el dinero no da la felicidad pero prefiero llorar en un Ferrari

The social network nos cuenta la historia del nacimiento de facebook en la elitista universidad Harvard de principios de siglo, nos cuenta por qué, cómo, cuándo y de quiénes surgió la idea y, aunque había leído que después de verla Zuckerberg tendría que esconderse bajo una piedra, no me parece que salga tan mal parado, ni mucho menos… en cuanto a la creación de la página porque como le dice su exnovia al principio de la película, no es que no les gustes a las chicas por ser un friki, no les gustarás porque eres gilipollas, pero ni siquiera lo hacen un impresentable absoluto, como sí hicieron con Bill Gates en la más que sesgada Piratas de Silicon Valley donde todos aparecían como unos santos y Gates como el mismísimo Satán (perdónenme, pero yo es que en peleas de millonarios no me meto, y más cuando el malvado usa el dinero como actualmente lo está usando Gates)

El guión de The social network es impecable, los diálogos brillantes, los actores absolutamente creíbles, en definitiva una película que cuenta una historia tan tremenda que sería inverosímil si no fuera totalmente cierta (tiren de hemeroteca, está todo ahí, o hagan memoria, que es bien reciente) Quizá Zuckerberg, interpretado magníficamente por Jesse Eisenberg, no sea tan asperger y misántropo como lo presentan, quizá Sean Parker -coautor de napster- no sea un tiburón tan juerguista, quizá Eduardo Saverin no sea tan buena gente y los gemelos Wiklevoss no sean tan pedantes y tan lilas pero la historia está tan bien contada, y tiene un ritmo tan bien llevado que atrapa desde el minuto uno, y eso tiene su mérito dado que todos sabemos cómo empezó y vivimos el fenómeno facebook a diario.

Cuando vi Inception pensé que ninguna película este año me gustaría tanto como aquella, pero entonces vi Amador el viernes y The social network ayer… Tengo el corazón partío.

Es una película que no debe dejar indiferente a nadie porque, sea como sea que haya sido la historia –que tampoco es una tragedia ni mucho menos, por muy antipático que pueda resultar el Zuckerberg de la película- cuenta que aún, con la que está cayendo, las buenas ideas tienen cabida y por ellas, a veces, se paga lo que valen y qué quieren que les diga, a mí me gusta ver cómo las mayores fortunas (las que crecen y crecen) están en manos de la gente –salvo si hablamos de petróleo claro está- que las parió y desarrolló con un presupuesto inicial de 1000 dólares.

¡Ah! y también es una linda historia de amor… sí, sí, como suena…

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