Tienes hasta el martes…

Hace cuatro días estaba tan ricamente en casa cuando sonó mi móvil, lo cogí y una voz desde ultratumba me dijo “tienes hasta el martes para ver Agora”… sé que parece el argumento de The ring pero es absolutamente verídico, aunque con algunas licencias poéticas de : la voz, no era ni de Sinatra ni de Samara sino de un amigo que llevo dos años sin ver (de ahí la ultratumba) y me dijo otras muchísimas cosas en una conversación que duró más de tres horas.

Hoy se cumplía el plazo y no quiero morir, así que no me ha quedado otra que ir a verla. En el cine éramos seis personas y algo me dice que a estas alturas debe de haber cien más que no la hayan visto aún y tengan intención de hacerlo, pero poco más. Yo no la había visto hasta hoy porque me daba apuro, he leído tantas cosas en tantos sentidos que no sabía muy bien qué pensar y estoy hasta el gorro de decepciones. Y lo que puedo decir al respecto es que no me ha decepcionado pero tampoco me ha encantado; se puede ver pero el guión, y me sorprende más en Mateo Gil que en Amenábar, está muy deslavazado, demasiado centrado en los desencuentros de los enamorados con Hypatia y con el verdadero interés de la historia, la denuncia del fanatismo, actuando casi como si fuera un simple telón de fondo, casi a modo de excusa para justificar su muerte.

Aunque no la película conocía la historia de Hypatia como si fuera mi propia hermana (no, no soy tan culta pero tres horas de chapa con un obseso por la historia dan para todo y con tanta promoción de Ágora es difícil no saber todos sus logros) pero, como decía, me hubiera gustado más si se contara qué y por qué que quién, aunque Rachel Weisz está que se sale, como es costumbre.

Pero lo que realmente me lleva a hacer la entrada es que he leído críticas absolutamente feroces que hablan de llevar a Amenábar a la hoguera y no encuentro justificación alguna para ellas porque se centra, insisto, en los fanatismos y no sólo en las barbaridades del cristianismo (de hacerlo yo no me hubiera quejado mucho tampoco, conste) No sé si los que están obsesionados con “los cristianos mataron a Hypatia” se han tomado la molestia de verla o es que no han entendido un carajo porque en Ágora se cuenta que efectivamente sí, eran unos fanáticos, pero también se cuenta que ni todos lo eran ni tenían la patente.

A pesar de que no me ha encantado, como decía, tiene una escena que realmente sobrecoge y merece sobradamente el precio de la entrada y es aquella en la que con una belleza extraordinaria se cuenta el horror de la destrucción de la biblioteca, la desesperación de los discípulos de Hypatia por conservar la sabiduría, los pergaminos lanzados por el aire como si fueran serpentinas… el espectador en ese momento, lleno de amargura y con el estómago encogido, no puede dejar de preguntarse dónde estaríamos hoy con todo ese saber y sin esos fanáticos, probablemente más allá del sistema solar, milenarios, en paz y mucho más felices. Por desgracia en el siglo XX muchos millones de muertos nos enseñaron que la civilización no está reñida con la barbarie pero el saber sí está reñido, y a bofetadas, con el fanatismo.

”Nos parecemos en más cosas de las que nos diferencian” (o algo así dicen como treinta y dos veces en la película) Espero que algún día, aunque yo no lo veré por mucho que fotocopie retratos míos y los esconda para que envejezcan por mí, gane la humanidad y el sentido común.

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3 Respuestas a “Tienes hasta el martes…

  1. me ha encantado tu comentario sobre Agora, y además coincido contigo 100 por 100 en todas las apreciaciones, buenas y malas sobre la peli, sobre lo que se deja en el tintero y nos hubiera gustado que estuviera, sobre lo que dice y expone y cómo lo expone, sobre lo que insiste quizás más de la cuenta; desde luego cuando has mencionado al espectador sobrecogido, me vi a mi misma en el cine, casi llorando, viendo cómo la barbarie y el fanatismo destruía cultura gratuitamente.
    un besazo

  2. yo no la he visto… a ver si la veo 😀

  3. Gracias Carmen por el comentario; la verdad es que a mí se me encharcaron los ojos y tuve que taparme la boca para reprimir suspiros en la escena de la biblioteca – de haber durado más lo de los pergaminos hubiera salido hecha un mar de lágrimas – pero no lo dije en la entrada porque me dio pudor, ahora que leo que a ti te pasó lo mismo me abandonan las vergüenzas, es tan estremecedora que hay que tener la sangre de horchata o ser un indolente que no pueda percibir todo lo que perdimos, para no verse afectado ante una destrucción que fue real y horrible.

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