Ayer me avisaron de que 2012 era malísima, pero estaban equivocados… es peor. A partir de hoy cada vez que quiera calificar lo peor de lo malo de lo horrible me limitaré a decir 2012, y todo aquel que la vea me entenderá, estoy segura. Y es tan mala que, contra mis principios, en esta entrada va a haber spoilers del tamaño de Asia, avisados quedáis, porque si consigo que una sola persona NO vaya a verla habré expiado mis pecados del domingo pasado, que por algunas películas sí hay que hacer un esfuerzo para que NO se vean.
Siglos antes de que llegaran los conquistadores, los mayas, con lo guapos que hubieran estado calladitos, predijeron que el 21 de diciembre de 2012 el mundo se iría al carajo… y estoy convencida de que esa es la causa de su extinción porque al hacerlo le dieron el argumento a Roland Emmerich para que perpetrara este espanto, y ya sabemos cómo se las gastan algunos dioses castigando al pueblo ojú.
La profecía maya habla de una gran erupción solar; (a partir de ahora spoiler de principio a fin) en la película eso provoca que se funda por completo el núcleo de la tierra que conlleva que las placas tectónicas pierdan sujeción y bailen de manera tal que llega un momento en el que el polo sur está en Wisconsin –mira, eso tiene hasta su gracia – inmensos terremotos, inmensos tsunamis… hasta aquí típica película de catástrofes con gran presupuesto que no tendría que ser necesariamente horrible, el mismo Emmerich hizo El día de mañana que si bien no me cambió la vida me gustó porque dentro del género es lo que hay. 2012 es tan delirante que como dice efemondo “La premisa inicial es científicamente tan ridícula que hace que Armaggedon y El Núcleo parezcan tesis doctorales”
La cuestión fundamental es que con esta es que las imágenes ni siquiera sorprenden, no ves algo que digas wow como sí pasaba en la otra, a pesar de que se vea cómo caen los edificios (todos toditos todos), la Casa Blanca sea aplastada por un portaaviones, haya olas kilométricas y termine con que África es la única tierra que queda en el mundo junto al pico del Everest.

Y un problema aún mayor es que hay que justificarlo contando una historia humana y poner personajes, no sea que algún ingenuo piense que es un documental bichorista del Discovery Channel (cosas más raras ha hecho) La historia humana la perpetra uno de mis actores favoritos hasta ayer –ahora es mi archienemigo – John Cusack, que hace de padre separado desastre – este personaje al final se va a convertir en un subgénero – que, por casualidad, desvela el pastel y así puede salvar a su familia – sabía que sobrevivía, no sólo por el happy ending de rigor sino porque me lo habían dicho pero juro que en la vida he deseado tanto que se ahogara alguien, pero nooooo, no podían hacer que al menos algo me gustara.
Nuestro aguerrido padre desastre no sólo consigue meter a sus hijos en el arca de Noé (no es coña, – ojalá – hay cuatro arcas con capacidad para 100.000 personas cada una con sus animalitos y todo) sino que por el camino consigue hacer las paces con su hijo y con el marido de su ex… pero no sólo eso, también logra que su rival amoroso muera y arregla el arca – literalmente – que previamente habían averiado a dúo y así tenemos el happy ending entero, yupi.
Pero… ¿Todavía no os parece lo suficientemente horrible? Pues hale, más horrores; el presidente de EE.UU muere pero no discretamente como en El día de mañana, que va, muere porque decide quedarse para avisar al mundo (en el último instante claro) y que así “un padre pueda pedir perdón a su hijo” [sic] y ayudar a buscar, cuando se desploma el obelisco, al padre de una pequeñuela que anda por ahí llorando, no sea que los dos segundos que le quedan de vida los pase con el disgusto. Y lo de los presidentes no termina ahí, el italiano también decide quedarse rezando en el Vaticano ¿os imagináis a Berlusconi haciendo eso? Jijiji
Como la película es americana, la presidenta que habla por Europa (que tenemos un arca para nosotros solos, a ver qué os pensáis) es la británica, aunque también aparece Francia salvando obras del Louvre (y la moralina al respecto es descomunal, por no mencionar la ruptura de la Capilla Sixtina) y hasta aparece Zapatero (no él, entendedme pero pase lo que pase si los calculos no me fallan o tripite o está en funciones y del presidente español se habla)
Y hay algo aún peor a todo lo dicho, al hilo de la moralina, hay un personaje tan malo tan malo que incluso deja a su madre nonagenaria en tierra – aunque con dolor, que todo hay que decirlo – y cuando están embarcando como los cálculos estaban mal hechos – que me expliquen cómo se calcula lo que jamás ha pasado santo cielo santo cielo – tienen menos tiempo así que decide dejar casi un arca vacía para salvar la especie [sic] pero el geólogo que ha descubierto todo (junto con un hindú guapísimo) consigue saltarse todos los protocolos y soltar un discurso preciooooso que convence a los presidentes del mundo de que no se puede empezar de nuevo la vida con un acto de tamaño egoísmo que para eso es mejor morirse aunque hayan llegado hasta tan lejos… es decir, que se vayan sin avisar hasta el último instante a 6000 millones de personas le parece regulín, pero ¡¡dejar a 50000 cuando el agua ya está entrando en el arca y puede hacer que todo se vaya a la mierda!! ¡¡Dónde se ha visto tamaña aberración??
Ay, qué dolor… En fin, hay más cosas, incluso peores, pero prefiero no recordarlas, por salud mental.
Lo dicho ¡¡NO VAYAS!! De nada.
La primera nominada para la hoguera es Los sustitutos; poco hay que decir, estamos en época de vacío creativo (para que luego digan que las crisis son buenas para el arte) y como se ve que los guionistas se tienen que ganar la vida se dedican a copiar de aquella manera películas que por motivos diversos tuvieron éxito en su día (a veces de forma incomprensible) Si has visto Matrix, Yo, robot y Demolition man ya has visto Los sustitutos porque no cuenta nada nuevo: en el futuro un señor ha creado unos androides (Yo, robot hasta el punto de que el señor es el mismo actor tan sorprendente que un día cambia el mundo y al siguiente te cría un cerdito ovejero) que manejados por usuarios reproducen cualquier acto humano de forma que el susodicho humano se puede pasar la vida tumbado en la comodidad de su hogar (Matrix), todo ello conduce a una sociedad perfecta en apariencia hasta que un buen día todo se va al carajo (Demolition man) Infumable.
La segunda nominada – qué narices, tarjeta roja directa y a la hoguera sin esperar el voto del público – es Los infectados. Me gustó 28 días después y más aún su continuación (el último tercio de la primera parte era de juzgado de guardia), me gustó Rec (no he visto la segunda parte pero después de lo que he leído creo que por ahí empezará mi voto de castidad) y como no soy la única a la que le gustaron ahora se ponen como locos a hacer películas de pandemias que acaban con la humanidad… en este caso no hay infectados comiendo gente por las calles (el curso pasado tuve que explicar en una clase que si llegara una pandemia así la gente no se haría caníbal) sino sólo un cuarteto de jóvenes adultos que huyen de la enfermedad que ha asolado el mundo para ir a la playa ¿? y evitar así la muerte. El problema con Los infectados es que si hay algo que no le perdono a una película es que sea aburrida y esta lo es, y mucho… pero mucho mucho.
También he visto esta semana 9, la última de Tim Burton y, como era de esperar, tiene las delicias de la animación… pero de Burton no tiene nada (absolutamente nada) así que tampoco es para tirar cohetes; el principio me recuerda a Wall-E (que contra la opinión general me pareció soporífera) y los personajes, muñecos de trapo, tendrían su gracia si la idea no la hubiera visto ya en Little big planet. Si soy sincera no sé qué opinar, si pudiera volver atrás la vería sin sonido y sin subtítulos, que seguro que así hasta me gusta (o no, que quizá mis dudas sean por comparación con las que arden en el fuego redentor) En su defensa hay que decir dos cosas: que es un corto hecho largo
Esther es una pobre niña huérfana que de tan perfecta es rara como un demonio, toca el piano como los ángeles y se pasa el día pintando; como es muy especial y se viste como si se hubiera escapado del hogar de los Ingalls, no tiene ni un solo amigo en el orfanato tan estupendo en el que vive donde los niños, vestidos con un uniforme monísimo, se pasan el día correteando tan felices que dan ganas de pedir plaza e instalarse con las encantadoras monjitas que lo gestionan. Nuestra encantadora niña, de ojos negros e inteligencia excepcional, es adoptada por una familia taaaan ideal que resulta increíble (pero de los de esto no me lo creo) A partir de la adopción se desata el infierno y todo aquel que intente contradecir a nuestra dulce Esther paga las consecuencias… Resumiendo: un déjà vu (hasta el punto de que el final es, palaba por palabra, el plagio descarado de la nefasta segunda parte de una buena película que sólo tenía gracia en esas palabras)
No soporto a Renée Zellweger… es algo irracional, lo sé, pero no puedo evitarlo, me parece que es la actriz más sobrevalorada del panorama actual junto a, cómo no, Scarlett Johansson con la salvedad de que la segunda, al menos, sí es guapísima, no es del todo mala y sí ha hecho películas que se dejan ver, e incluso ha hecho excelentes películas (aún estoy en estado de shock por El truco final, película que me ayudó a superar el profundo sopor que me produjo Lost in translation)