El 27 de noviembre se va a estrenar en las salas de nuestro país esta película que, con un presupuesto de 15.000$, lleva recaudados más de 50 millones y eso tiene su encanto, qué narices, tiene muchísimo mérito – vaya por ello un fuerte aplauso ¡bieeeeeeeen! – yo no puedo, además, dejar de felicitar a sus autores porque han demostrado que para hacer una película aburridísima no hace falta invertir mucho, que ya podían aprender otros que se gastan un pastizal en películas aún más aburridas que esta, si cabe. El mérito, por tanto, no está en la película en sí sino en haber conseguido que una pareja, formada por un cabezón y una llorona – que tienen sus motivos, que conste – en una habitación durante hora y media y sin promoción alguna lleve a tanto incauto al cine.
Ahora bien, si quieres apoyar el cine barato ve a verla pero no por su calidad sino a modo de postura ideológica.
Argumento: una pareja se graba a sí misma porque en su casa pasan cosas raras. La película comienza cuando el novio, que es muy meloso y más simple que una planta de plástico, compra una cámara para documentar lo que está pasando y, como era de esperar, cada vez pasan más cosas.
Para explicar brevemente de qué va esto pongámonos en antecedentes porque la idea de falso documental de terror ya se hizo en su día así que antes de pensar siquiera en ir a verla contesta a este cuestionario: ¿Te gustó La bruja de Blair? pues esta quizá te guste, pero sin duda mucho menos ¿te pareció espantosa La bruja de Blair? pues esta la vas a odiar con toda tu alma ¿te aburrió? pues con esta te vas a dormir porque durante los primeros tres cuartos de hora no pasa absolutamente nada y aunque en una de las últimas escenas he saltado que ya quisiera el mismísimo Gasol – y hubiera saltado una vez más si no fuera tan absolutamente previsible – no compensa el resto de bostezos.
El punto de partida es el mismo que a mí me sorprendió gratamente hace diez años, pero claro, las cosas sorprenden una vez, que ya dijo Platón hace eones que no podemos dejar de saber lo que sabemos. Insisto una vez más, la idea no es mala, sólo que es imposible tensarse si pasas cuarenta y cinco minutos viendo dormir a una pareja, que ni se achucha ni nada en todos los días que dura la historia (vaya mierda de vida sexual que tienen, hay que ver) para cuando empieza a pasar algo el aburrimiento es tal que lo único que quieres es que la película se acabe y a otra cosa mariposa. El problema de la película es, por tanto, que está tan descompensada que estoy pensando en ver sólo la segunda parte, a ver si así tiene gracia…
Resumiendo, te gustará algo si te encantó (mejor dicho, si te volvió loco de amor) La bruja de Blair, y digo eso incluso aunque cuando se ponen a buscar en internet experiencias similares a lo que están viviendo te va a dar la risa floja.
Santo cielo, santo cielo, qué malo es el insomnio.
Hoy se cumplía el plazo y no quiero morir, así que no me ha quedado otra que ir a verla. En el cine éramos seis personas y algo me dice que a estas alturas debe de haber cien más que no la hayan visto aún y tengan intención de hacerlo, pero poco más. Yo no la había visto hasta hoy porque me daba apuro, he leído tantas cosas en tantos sentidos que no sabía muy bien qué pensar y estoy hasta el gorro de decepciones. Y lo que puedo decir al respecto es que no me ha decepcionado pero tampoco me ha encantado; se puede ver pero el guión, y me sorprende más en Mateo Gil que en Amenábar, está muy deslavazado, demasiado centrado en los desencuentros de los enamorados con Hypatia y con el verdadero interés de la historia, la denuncia del fanatismo, actuando casi como si fuera un simple telón de fondo, casi a modo de excusa para justificar su muerte.
Aunque no la película conocía la historia de Hypatia como si fuera mi propia hermana (no, no soy tan culta pero tres horas de chapa con un obseso por la historia dan para todo y con tanta promoción de Ágora es difícil no saber todos sus logros) pero, como decía, me hubiera gustado más si se contara qué y por qué que quién, aunque Rachel Weisz está que se sale, como es costumbre.
A pesar de que no me ha encantado, como decía, tiene una escena que realmente sobrecoge y merece sobradamente el precio de la entrada y es aquella en la que con una belleza extraordinaria se cuenta el horror de la destrucción de la biblioteca, la desesperación de los discípulos de Hypatia por conservar la sabiduría, los pergaminos lanzados por el aire como si fueran serpentinas… el espectador en ese momento, lleno de amargura y con el estómago encogido, no puede dejar de preguntarse dónde estaríamos hoy con todo ese saber y sin esos fanáticos, probablemente más allá del sistema solar, milenarios, en paz y mucho más felices. Por desgracia en el siglo XX muchos millones de muertos nos enseñaron que la civilización no está reñida con la barbarie pero el saber sí está reñido, y a bofetadas, con el fanatismo.
Esta noche, con el permiso de Von Trier, me he vuelto a enamorar y, para mayor felicidad, el amor me ha llegado de un montón de hombretones – que es mucho más divertido dónde va a parar – de un hombre de mil años (el gran Christopher Plummer), de una mujer pelirroja, de un limitado en altura y hasta del mismísimo diablo (el enorme Tom Waits) Pero sobre todo, me he vuelto a enganchar a Gilliam que, aunque me ha dado algunos disgustos en la vida (para hacer, sin duda, nuestra relación más divertida), está que se sale.
Además de la historia, que no voy a contar para no hacer esto muy largo y no reventar un relato sorprendente, la belleza de las imágenes me ha cautivado de tal manera que aunque normalmente me parecería una herejía recomendar una película doblada en vez de en su versión original no puedo dejar de decir que El imaginario del Doctor Parnassus hay que verla en una pantalla inmensa como la de Kinépolis (y eso que hemos tenido un nanosegundo de duda al ver que sólo había en segunda fila)
En T1 se cuidan los detalles, por ejemplo, el Terminator se quema muy al principio así que Schwarzenegger se pasa la película con un corte de pelo rarísimo y sin cejas. Sin embargo en T2, como decirlo, se ve que el que se ocupaba de no cagarla estaba viendo crecer el cesped… por cierto en T1 ¡sale Bill Paxton! (no viene a cuento de nada pero me encanta ese actor, aunque no necesariamente sus películas)
Empecemos con los gazapos: la película es de 1991, el actor Edward Furlong tiene entonces 14 años… John Connor tiene 9 – que podrían ser incluso 8 – aunque se cuidan más o menos de no trastear en exceso con las fechas pero… John nace en 1985, Skynet la lía en agosto de 1997 y la trama transcurre tres o incluso cuatro años antes. Aceptamos que el personaje sea más joven que el actor, pero el carácter que tiene hace imposible creer que tenga sólo 9 años ¿le dan la custodia a unos padres que le compran una moto? ¿ha pasado tiempo suficiente con su madre para que lo forme militarmente hasta ese punto? ¿lleva meses sin recoger su habitación? ¿la madre se ha enrollado con montones de tíos, que la dejaban a los pocos meses, para que le enseñen tácticas militares a John? ¿pero cuánto tiempo pasó la criatura con su madre biológica? (según la película Sarah lleva al menos un año en el hospital, hagan cuentas porque a mí no me salen entre que aprende a andar, hablar, controlar sus esfínteres y esas cosas para que espabile tantísimo)
Y lo que ya es demencial es cagarla en la mismidad de la película… Al T-1000 las balas sólo sirven para frenarlo, así que a lo largo de la película le arrancan un trozo – que recupera sin problemas – lo congelan, lo hacen pedacitos y el tío se levanta como si nada ¡¡que le revientan la cabeza y ni se inmuta!! ¿por qué demonios le duele entonces la bala explosiva hasta el punto de que se convierte en la cosa y se cae?